
Andalucía, y Chaves, el que aguanto la leve envestida de los que querían que se llevara a cabo la famosa "Reforma Agraria" que al final se quedo en nada porque sindicatos y comunistas les quitaron las ganas a los desposeídos. Podías ver pueblos y pueblos atestados de gente en sus plazas, parados todos a las 12 de la mañana. Pueblo tras pueblo, uno,otro, diez, muchos, todos. En las costas salieron adelante con un poco de pesca y mucha droga, en el interior con las ayudas del PER.
Lo cierto es que hoy el aumento sostenido del precio de la tierra está impide a las nuevas generaciones en Andalucía acceder a la gestión de cultivos, a no ser que por herencia lleguen a obtener un terreno para cultivar, y eso no es fácil. Desde lo que llamaron democracia el relevo generacional en la Andalucía agrícola ha sido cada vez más difícil, agravado por la realidad de que apenas hay personas que quieran y puedan acceder al medio de vida derivado del trabajo y la gestión agrícola. Al igual que otras partes de España, como Galicia, la política ha sido la de sacar a la gente del campo y ponerlos en las ciudades con la sana intención de que pasasen de agricultores a consumidores y en el caso de Galicia de autosuficientes a dependientes.
Hay que tener en cuenta que el 60% de los trabajadores del campo, autóctonos de Andalucía, por ejemplo, de Jaén tienen más de 55 años de un total de 63.246 afiliados al Régimen Especial Agrario (REASS), a las que habría que sumar aquellos que tienen en propiedad extensiones de tierras dedicadas al olivar, sin que sea éste el cultivo principal pero que lo utilizan como aporte de ingresos extra.
Por otra parte, tan solo el 5% de agricultores y ganaderos no superan los 34 años de edad y el resto de integrantes del sector, se encuentran entre los 35 y 50 años, por lo que podemos hacernos una idea de la capacidad de relevo que se espera en un futuro no muy lejano.
El problema se agrava aún más, con los datos que se derivan del "Agrobarómetro", cuyo estudio señala que un 65% de agricultores,(que no piensan) no desean que sus hijos continúen con las labores agrícolas, por lo que los incitan a que busquen otras salidas que conlleven un futuro menos laborioso y "sacrificado". Por otra parte, la actual subida de los precios de la tierra, ha provocado que un número importante de jóvenes que si bien querían seguir trabajando en labores tanto agrícolas como ganaderas, no pueden llevar a cabo sus proyectos, al carecer de la solvencia necesaria para desembolsar cantidades que pueden oscilar entre 53.000 euros por hectárea correspondientes a las tierras de olivar, 34.350 euros/ha las de secano y 22.164 euros/h en tierras de regadío.
Siendo ésta la situación y probablemente la que se sigua produciendo en los próximos años, solo un número muy reducido de personas podrán introducirse en el mundo agrícola, quedando este terreno, reservado en su mayoría a personas que por herencia adquieran terrenos cultivables y que sería posible seguir explotándolas si los nuevos propietarios se involucran, que no lo harán al no pertenecer a la misma clase social.
Como decíamos, el trabajo y la vida en el campo desaparece y se deteriora en pos de una vida urbana que se vende como próspera y con infinidad de oportunidades, cuando es mentira. El único medio de subsistencia de éste, está siendo la llegada de personas migrantes que se suman a las personas que ya trabajan en el sector, que con su esfuerzo salvan las cosechas, ya que si no existiera este aporte de trabajadores, en muchísimos de los campos de Andalucía e incluso de todo el Estado, no sería recogida la totalidad de la producción. Bien, el tiempo de la política de buscar consumidores subvencionados, rica plantación de votos, se ha terminado. Pero han creado una situación favorable para que solo unos pocos, los de siempre, aquellos a los que en su día, tras la reforma del régimen franquista, se decía iban a ser expropiados porque mantenían inmensos territorios sin producir, serán los que de nuevo podrán comprar terreno y aumentar así su poder en la zona, en España.
Y es que "el personal" aguanta lo que le echen y soportan cualquier circunstancia, por muy insultante que sea. El español se ha vuelto acomodaticio, reservón y cobarde. Al final resultará que siguiendo la tradición española más clásica se devorarán unos a otros, pero eso sí: a la casta política que los subyuga ni tocarla que para eso la pagan, para que les hagan sufrir y relajar así sus almas masoquistas. Y es que a mucha gente lo que de veras le preocupa es por qué España es el único país europeo donde los juzgados no están informatizados. Esto sí que es un problema y es la única cuestión que no alcanzo a resolver.
Podremos remontar el rio de aguas traicioneras y recovecos traidores, quizás lo consigamos a base de la desconocida hombría. Pero será, muy difícil, porque España está gobernada por indigenistas unidos en su cruzada irracional en busca de una tradición monárquica apelando a su confluencia con el espíritu socialdemócrata donde todo vale. ¡Vaya mezcla!. Y además reconocidos por las otras oligarquía europeas que van de lo mismo. Un verdadero caos. No existe en ellos otro criterio de verdad que su «capricho subjetivo», donde cualquier cosa se afirma y cualquiera se niega.
No es cómodo estar en manos de gente que no saben ni latín y se copian unos a otros cuando ven un «término ocurrente». Por ejemplo "yo sólo me debo a los españoles". Con base en una pretendida democracia juegan entre ellos proponiendo tesis que van, desde el comunitarismo cósmico al comunitarismo pueblerino, y de la restauración del sacro imperio romano germánico al nacionalismo elitista de fronteras cerradas.
Todo un logro para no tratarse de una verdadera democracia. Y, por supuesto, en lo que están de acuerdo es con la civilización moderno-mundialista con su proyecto de one world, donde se homogeneízan todas las culturas y desaparecen todas las diferencias. Todo esto es posibles porque la responsabilidad no forma parte de su quehacer político.
La batalla contra este modelo libero-racional-progresista-demócrata-consumista poliédrico marxista no puede hacerse «huyendo hacia atrás», ni «huyendo hacia adelante» .Aquí hay que bailar con la mejor elaboración, y profundizando las categorías que nos permitan, no persuadir y disuadir el adversario, sino a esa inmensa cantidad de almas cándidas que pululan cerca del averno cuya entrada se encuentra cerca de la Puerta de Alcalá. Utilizaremos categorías que nos permitan la denuncia más clara de la dependencia, del extrañamiento, de la dominación a que estamos sometidos los Iberos de esta parte, convidados de piedra de la historia moderna y contemporánea.
caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. (como ese chaves gordo, seboso y de formas reaccionarias) Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre...
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